¿Buen profesional pero, mala persona?

015_366_2016_losvigilantes

Foto by Manuel Morillo (@fotosyemocion)

Tengo que reconocer que mi respuesta ha ido evolucionando conforme a mis años de experiencia profesional, pero cuándo me preguntan cuáles son las cualidades que siempre busco en un candidat@, sea cual sea su perfil, siempre respondo que lo que busco en la persona que tengo frente es:

  • Integridad, sinceridad y  espontaneidad, pero sobre todo, que sea “buena persona”

¿Buena persona? Ésto último chirría a mucha gente, (no sé si por lo subjetiva que puede resultar la expresión o porque para algunos se escapa de la valoración que debemos hacer desde Recursos Humanos de los candidat@s).

Una vez una colega me dijo: “Pero para hacer bien el trabajo, no hace falta ser buena persona, simplemente basta con tener pericia técnica y saber lo qué haces, en definitiva, conocer el procedimiento y tener las herramientas necesarias para llevarlo a cabo. Sinceramente, creo que al trabajo no se viene a ser buena persona o, a hacer amig@s, se viene a trabajar ¿no?”

– Y así fue como me respondió, todavía con esa cara de incredulidad que se nos queda cuando alguien expone su punto de vista de una forma totalmente alejada de lo que  esperábamos oír-.

Entonces le pregunté, tú ¿Te has parado alguna vez a pensar cómo te ven tus compañer@s de trabajo? Y me refiero a qué piensan de ti ¿Crees que te ven cómo una buena persona o sólo como una buena profesional? ¿Ser buen profesional implica ser buena persona? O ¿Para ser buen profesional hace falta ser buena persona?…

Bien, sigamos con lo que “yo busco”, para empezar, ser íntegro y actuar con integridad requiere basarse en unos principios éticos, y no hablamos sólo de ser “éticos de palabra o teóricamente”, es necesario que exista coherencia, en todo momento, entre lo que se dice y lo que se hace. De nada me sirve que me digas en una entrevista que eres una persona íntegra, que valoras por encima de todo, la comunicación entre tú y tu equipo y que luego no pidas opinión a tus colaboradores a la hora de poner en marcha cualquier proyecto, o la hora de solucionar cualquier problema o incidencia.

Las palabras son un arma de doble filo, ¿basta entonces con contestar con aquello que la otra persona espera escuchar o contestar con aquello que es socialmente plausible? definitivamente, no.

Lo importante para mí, como seleccionadora, no son las palabras, sino los hechos, éstos son siempre irrefutables, el saber cómo actuaría esa persona en un caso práctico, o cómo ha actuado ante alguna circunstancia complicada es lo que realmente nos va a dar pistas sobre cómo es el/la candidat@.

En definitiva, el profesional íntegro es responsable consigo mismo y con los demás, es más, yo diría que es co-responsable! El buen profesional sabe “que no todo vale, que el fin no siempre justifica los medios”. El profesional íntegro no aplica varias varas de medir, no actúa diferente con los que “les caen bien y con los que les caen mal”, sino que a todos los mide por igual y aun así, busca puntos de encuentro, escucha y pide opinión.

Sinceridad, el profesional sincero tiene la capacidad de decir la verdad, aunque no sea lo que el que tiene frente espera escuchar. Las personas sinceras son personas valientes, no temen quedar mal cuando se expresan, por supuesto, todo tiene un límite, y la sinceridad también, porque está muy cerca, y a veces, roza la insolencia. Así que de nada me sirve que un candidat@ sea sincero y que en base a eso me “ponga verde” a su anterior empresa o a sus antiguos compañer@s de trabajo.

Espontaneidad, Creo que el candidato que la posee, tiene la capacidad de sorprender, alegrar, animar, y satisfacer necesidades ocultas tanto suyas como de personas con las que interactúa. Si estás en una entrevista de trabajo por ejemplo, y la espontaneidad se une a la naturalidad y a la franqueza de lo que estás contando, también ésto unido a cómo te estás comportando, puede que te de un extra que definitivamente determinará que conectes con la persona que tienes enfrente, ¡Ojo! Todo, como siempre digo, en su justa medida, no te pases de espontáne@ porque no sabes cómo valora esta competencia el que tienes frente: “Yo no necesito un papagayo que se haya aprendido de memoria las posibles respuestas a mis preguntas, pero tampoco necesito alguien capaz de improvisar un monólogo de 35′ seguidos”.

“Ser buena persona”, Hace no mucho leía a Howard Gardner, neurocientífico y  padre de la teoría de las inteligencias múltiples, afirmar rotundamente que “las malas personas no pueden ser profesionales excelentes, no pueden llegar a serlo nunca, puede que tengan pericia técnica, pero no son excelentes”.

Entonces, ¿se puede ser un buen profesional siendo un “bicho malo”? Rotundamente NO, un buen profesional siempre busca la excelencia, y hablo de excelencia, mucho más allá de satisfacer su ego, su ambición o su avaricia. Un buen profesional es el que se compromete no sólo con los objetivos, sino el que se compromete con el resto de la organización, si lo que hace , no va a servir, no va a beneficiar a otros miembros, su objetivo deja de tener sentido para él.

Decía Gardner, que los mejores profesionales tienen tres características en común, son: excelentes, comprometidos y éticos.

Pero entonces, ¿qué es ser una buena persona? Personalmente creo que una buena persona es aquella que de manera honesta y sincera trata de ser parte del bienestar de los demás. No hablamos sólo de hacer el bien, sino que hablamos, de una persona que no hace mal a los demás, que no “pisotea” a sus compañeros, que no es un trepa y que no se aprovecha de determinadas circunstancias, que dice las cosas a la cara de forma asertiva sin esperar a que te vuelvas para “cortarte un traje”, una buena persona se interesa por cómo está el/la compañer@, se interesa por prestarle ayuda cuando cree que el otro la necesita y, sobre todo, una buena persona comparte lo que sabe, sin temor, a perder el poder que la otorga esa información.

Entonces, ser bueno es ser tonto, ¿no? Se estarán preguntando algunos… pues depende de tu escala de valores, si eres de los que piensas que si no hay un interés de por medio no debes hacer una cosa, entonces para ti, “ser bueno es ser tonto”.

Entonces, ¿cómo evaluar si un candidat@ es o no buena persona sin caer en la subjetividad?

Seguramente conocerás a la psicóloga Patricia Ramírez, y sino es así, empieza por leerla,  pues bien, siguiéndola a ella podemos saber si se es o no buena persona, sólo hace falta ser capaz de dar respuesta de forma honesta a estas preguntas:

  • ¿Practicas la gratitud? ¿Eres consciente de lo bueno que has recibido y lo devuelves a tu entorno?
  • ¿Te ofreces para prestar ayuda a cualquiera aunque sea desconocido, tienes buenas intenciones?
  • ¿Compartes y dejas que te copien?  ¿Enseñas lo que haces y dejas que la gente aprenda de tu experiencia?
  • ¿Esperas cosas buenas de los demás?
  • ¿Bieninterpretas? ¿Eres de los que piensan que las críticas no son para herir, sino que son para mejorar?
  • ¿Eres convenid@? ¿Siembras para recoger o simplemente por el placer de sembrar?
  • ¿Empleas tu tiempo en criticar o hablar de vidas ajenas? ¿Permites o participas en críticas de los que no están presentes? ¿Alguna vez ridiculizas a otros?
  • ¿Sacas la cara por los que no están, eres capaz de parar una conversación donde el chisme y la crítica sean los principales protagonistas? Y si no puedes irte, ¿dejas de participar?
  • ¿Te consideras una persona transparente en tus acciones o te guardas siempre un as bajo la manga?

 Y después de leer ésto, ¿crees que se puede ser un bicho y un buen profesional a la vez? ¿cómo beneficia a las empresas contar con buenas personas? ¿qué es para ti una buena persona? Me encantará escuchar tu opinión.

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

7 ideas sobre “¿Buen profesional pero, mala persona?”